viernes, 24 de abril de 2015

Revolución del 24 de abril de 1965

La guerra civil, iniciada el 24 de abril de 1965, fue la culminación del proceso de lucha que había comenzado con la eliminación física del dictador Rafael L. Trujillo en 1961.
La juventud dominicana de entonces, surgida en un clima de limitaciones políticas y el miedo impuesto por la tiranía encontró el espacio y el tiempo soñado y cumplió con su palabra de triunfar o morir en la lucha por la libertad y la democracia de la República Dominicana.
Como resultado de ese movimiento se establecieron en territorio dominicano dos Gobiernos totalmente antagónicos: uno llamado Gobierno Constitucional y otro denominado Gobierno de Reconstrucción Nacional.
El recientemente fallecido general Elías Wesin y Wesin fue uno de los que lideraba la facción de las Fuerzas Armadas que produjo el Golpe de Estado al primer presidente democráticamente electo, profesor Juan Bosch. Así le comenté al vigilante de mi casa ésta mañana ante su pregunta de quien era él.
A pesar de que lamenté su muerte como igual hubiese lamentado la de cualquier otro ser humano, incluyendo los miles de jóvenes que asesinaron por haber cometido el delito de reclamar la vuelta a la constitución de 1963. No podía decirle lo contrario, porque no me iba a engañar a mí mismo, diciéndole lo que no creía.
Es justo decir que aquel episodio histórico fue lo que provocó la gesta del 24 de Abril de 1965. Y es que, el profesor Juan Bosch, apenas siete meses de haberse juramentado como primer presidente constitucional de la República Dominicana, (tras los 30 años de la dictadura de Rafael Leonidas Trujillo), fue derrocado porque impulsó la constitución de 1963, considerada por muchos como la más liberal de América Latina.
Para que no siga ocurriendo lo que me comentó el vigilante de mi casa, sería bueno que le pongamos nombres y apellidos a los hombres y mujeres de Abril de 1965. Recordemos que Abril de 1965 es Juan Bosch, Yolanda Guzmán, José Francisco Peña Gómez, Hilda Gautreau, Francisco Alberto Caamaño, Piki Lora, Rafael Fernández Domínguez, y muchos más.
Valoremos aquella proeza histórica como un ejemplo de que cuando un pueblo decide ser el artífice de su destino no hay fuerza que lo detenga. Pensemos que valió la pena la lucha, porque si hoy tenemos ciertos avances democráticos, se lo debemos ciertamente, a la su sangre, sudor y lágrimas que derramaron por la Patria.

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